Acciones Violentas (1/1)


 (Relato Violento)






Es tarde, llegas a casa tras un largo día de trabajo, ya ha caído el sol, los tacones te están matando, te los quitas en el ascensor, la puerta se abre, has llegado a casa, no te percatas de mi presencia, entre las sombras, observándote, te diriges a la puerta, metes la llave en la puerta, tiempo que aprovecho para lanzarme sobre ti, tapo tu boca, te atrapo antes de que puedas reaccionar, y te introduzco en el lugar al que llamas hogar, estas asustada, no sabes lo que te depara el destino, escuchas mis primeras palabras…

- Si no gritas, y no haces nada de lo que te puedas arrepentir… puede que también lo disfrutes.


Te llevo a la cocina, a empujones, te resistes, aunque no con fuerza dadas mis amenazas… te tiro a un rincón, quedas de rodillas, agazapada, observándome…

Aparto todo lo que hay sobre la mesa, sin delicadeza, todo cae al suelo…

Vuelvo a por ti, agarro tus manos, te empujo contra ella, tumbándote boca arriba, agarro tu cuello, y vuelves a escucharme…

- Shh… como dije, ni una palabra… o te arrepentirás…


Puedes ver mis ojos, picaros, deseando tu cuerpo…

Agarro tus manos, las someto, atándolas a las patas de la mesa con una soga, tu cabeza queda al aire, vuelvo a repetir la acción con tus preciosas piernas, ya no tienes escapatoria, estas bajo mi control…

Me vuelvo, buscando entre los cajones de la cocina…

Tu intentas desatarte y musitas las primeras palabras…

- ¿Qué vas a hacerme?


Me vuelvo con un cuchillo, era lo que buscaba, lo acerco a tu cuerpo, a tu cuello, lo poso, sientes el acero frío sobre tu piel.

- Shh…


Bajo el cuchillo, introduciéndolo bajo tu blusa, y la desgarro sin piedad, asustada intentas resistirte, agarro uno de tus pechos y te miro, poso el cuchillo sobre la tela del sujetador, justo en el punto de tu pezón…

- ¡Quédate quieta!


Te arranco el sujetador de un tirón, y vuelvo a posar el cuchillo, esta vez rozando con la hoja tu pezón…

Pequeñas lagrimas comienzan a salir de tus ojos… yo sonrío.

Desciendo con el cuchillo, sin despegarlo de tu piel, llego a tu falda, la subo, apreciando ese precioso tanga negro que llevas debajo, sin pensarlo dos veces lo corto, quiero ver el manjar que escondes…

- No puedes esconder la verdad… - Paso uno de mis dedos entre los labios de tu sexo, desde la entrada de tu ano, hasta tocar el clítoris, y te lo enseño – Ya estas excitada, se que esto te esta gustando…


Vuelvo a buscar entre los utensilios de cocina, esta vez vuelvo con un mortero…

- Y… creo que esto va a encajar muy bien en cierto sitio…


No dices nada, solo observas…

Empiezo a frotar tu sexo con él, tus piernas intentan cerrarse, pero están atadas… no puedes…

- Así que te resistes… bien…


Lo pongo entre tus labios, miro tus ojos, desesperados, y lo introduzco lentamente…

Gimes, yo vuelvo a sonreír, y comienzo a follarte con él…

- Muy bien, zorrita, prepárate… aún queda lo mejor…


Saco el mortero, deslizo mi brazo bajo tu espalda para elevarte las nalgas y dirijo el objeto de placer directamente hacia tu ano…

Entra casi sin problemas gracias a los fluidos de tu sexo, bajo tus deliciosos gemidos, presiono hasta que entra por completo y te dejo caer sobre la mesa…

- Y ahora… - mis manos recorren tu abdomen, tu tórax, tu cuello, y se posan en tus labios. – vas a disfrutar, putita.


Me sitúo a tu cabeza, me miras, cabeza arriba, como desabrocho mi pantalón, y te ofrezco en primer plano mi polla en todo su esplendor…

Agarro tu cuello, presionándolo, cortándote la respiración, instintivamente abres tu boca tratando de respirar, deslizo mi mano introduciéndola en ella, te miro…

- Si me muerdes, morirás…


Las lágrimas vuelven a salir, esta vez recorriendo tu frente, siguiendo la gravedad…

Introduzco mi pene en tu boca, esta caliente, como todo tu cuerpo, no te resistes, tu lengua comienza a jugar con él…

Va entrando, lentamente, cruzando el umbral de tu boca, presionando tu lengua, abriéndose paso hasta tu garganta… toses…

Yo sonrío y la dejo allí, te cuesta respirar, tus ojos, con el rimel ya completamente corrido intentan hacerse a la idea de la escena, enrojecidos…

La saco lentamente, para volver a introducirla esta vez más rápido… puedo escuchar el *Glup*, mientras la tragas, y tus afanosos esfuerzos por respirar…

Tapo tu nariz, y vuelvo a sacarla, respiras, pero solo unos segundos, vuelve a entrar, esta vez tan fuerte que mis testículos golpean tu nariz, y te sobresaltas, comienzas a sudar, desesperadamente, tu cuerpo hace lo imposible por respirar, tu pecho se hincha, tratando de tomar el poco aire que queda… agarro tus pechos…

- Mmmm, deliciosa boca... y mira esos pechitos…


Mis manos agarran tus senos, apretándolos, y continúo follándote esa suculenta boca…

Toses, tratas de respirar… más sonidos extraños, mezcla de saliva, líquido preseminal, y burbujas de aire…

Siento tus arcadas…

Te doy una cachetada, y vuelvo a embestir, esta vez dejándola por completo en tu boca, bloqueando el paso de la respiración… no lo aguantas más, y los jugos estomacales comienzan a salir, salen intentando abrirse paso alredor de mi polla, y deslizándose por la comisura de tus labios, entrando por los orificios de tu nariz, dificultando aún más tu respiración, cayendo al suelo… el carmín de tus labios es prácticamente historia, corrido, al igual que el rimel de tus ojos, mezclado con tus lagrimas, y saliva, pintando tu rostro…

- ¿No habrás dejado caer el mortero? – Trato de ver que sucede en tu trasero sin abandonar mi posición privilegiada…


Tu aprietas tus nalgas, intentando contenerlo en tu interior, tu coño, mojado, empapa la mesa, te has corrido… y pide aún guerra…

- Ya veo que no, sigue así mi zorrita… aún no he terminado…


Poso mis manos en tu cara, introduciendo dos deditos en tu boca para abrírtela tanto como me es posible, haces lo imposible por no cerrarla, a pesar de lo duro de la escena, te es placentero, y quieres que siga… tu lengua sigue frotando como puede mi miembro…

La saco, sacas tu lengua, persiguiéndola, no quieres que se vaya, y viéndote vuelvo a introducirla, mis movimientos se reinician, follando tu boca, aún más caliente tras la acidez de los jugos, la saliva, y la rojez producida por el roce de tus dientes, me corro, en lo más profundo de tu garganta, en tu intento por respirar, haciendo salir parte del liquido blanco por tu nariz…

- Uff… así me gusta chica…


La saco, aflojando tus mordazas, acariciando las marcas de tu cautiverio, seco tu cara, y te abrazo…

- Lo siento mi vida… pero sé que lo querías…


Los dos quedamos abrazados… empapados en el sudor de nuestra lujuria, con otra fantasía cumplida… por duro que haya parecido…

 
 
 
FIN

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