Todos hemos vivido una situación así… una noche loca llena de emociones, y experiencias, olvidada al día siguiente quizás por el alcohol, quizás por el cansancio… olvidada al fin y al cabo.
Nuestra historia comienza así… en una habitación que no conoces, paredes color crema, la luz de la mañana comienza a penetrar por la ventana, los pájaros cantan y revolotean por un árbol cercano, la brisa mece las hojas con delicadeza, colándose sutilmente por la ventana, dejando el aroma al rocío de la mañana…
A tu mente llegan recuerdos del día anterior… una cena tranquila entre amigos de la infancia…
Observas con atención, a un lado de la cama logras distinguir unas esposas, aun colgadas del cabecero… parece que fue una noche movidita…
La imagen te hace recordar de nuevo… miras tus muñecas… las llevabas puestas…tan solo las esposas…
Vuelves a echarte una vez más, oliendo las sabanas… vuela de nuevo por tu mente la imagen de la noche, esta vez dos siluetas, danzando en la oscuridad, abrazadas, el sonido de la pasión y la lujuria… ves dos manos entrelazadas, y el tierno beso sobre un pecho descubierto…
Decides levantarte… al sentarte sobre la cama y posar los pies en el suelo te topas con los restos de la noche anterior… logras ver el trayecto que siguieron las siluetas, las prendas, una a una, recorren la habitación, desde la puerta, zigzagueando hasta la cama.
Tu mente vuelve a volar… las siluetas entran ajetreadas por la puerta, besándose, las manos vuelan tratando desesperadamente de desvestir el cuerpo del contrario, poco a poco, golpeando con la pared, cayendo a un lado, tropezando con una pequeña silla de escritorio, van cayendo una a una…
Entre la ropa distingues tu lencería, y logras poner rostro a una de las siluetas… pero… ¿y la otra?
Continuará…

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