En un Pueblo Extraño (2/2)


Aún unidos en nuestro cariñoso abrazo, comenzamos un juego de roces y caricias, observando las reacciones del otro, las sensaciones de placer que producía la sutileza de un simple gesto por cada rincón de nuestro cuerpo.

Me incliné sobre la cama, ya desnudo, ella sobre mí, intentando besarme de forma cariñosa, sin querer siquiera distanciarse.

Fue descendiendo lentamente, tratando de no dejar parte sin explorar, sin sentir, sin amar, ya estaba cerca de aquello que tanto ansiaba, me miró, pude ver en su rostro una mirada lasciva, deseaba que aquel momento llegase, me empujó intentando tumbarme sobre la cama.

Sutilmente se dio la vuelta y continuó con su cruzada por llegar con su lengua a aquel lugar que ya tocaba con sus manos, ahora podía vislumbrar su precioso sexo a pocos centímetros de mi cara, húmedo, pidiendo a gritos que lo acariciasen, que lo amasen.

No pude resistirme, agarrando su cintura la forcé a bajar un poco su cuerpo, intentando llegar hasta ese preciado lugar, ella no se resistió, y lanzando un pequeño sollozo continuó acercándose a su deseo.

Así continuamos, enlazados, disfrutando de nuestro amor, libre al fin, el tiempo parecía haberse parado en el momento en el que entré por aquella ansiada puerta.

Con suavidad, pude tumbarla a mi lado, me puse sobre ella, y nuestras miradas se cruzaron una vez más, ella asintió, y separando las piernas me abría paso hacia su sexo.

Intenté no hacerle daño, pude ver una pequeña mueca de dolor cuando la penetraba, no duro mucho, pronto nuestros cuerpos fueron uno, moviéndose al unísono, respirando agitadamente, abrazados, continuamos toda la noche.

Al despertar pude ver que no era un sueño, ella estaba allí, mirándome, sonriendo, esperando mis palabras...

- Te quiero.




FIN

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