El calido abrazo inicial se había convertido en un juego de perversión.
Se esmeraba en desabrochar el botón de mí pantalón, sabía lo que encontraría tras él, cada vez respiraba más precipitadamente.
Finalmente logró su objetivo, cogí sus muñecas y las alcé, golpeándola contra la pared del compartimiento.
Me miraba con pasión, deseaba que continuase, podía sentir como su pecho se agitaba intentando tomar desesperadamente aire.
Deslice mi mano bajo su camisa, acariciando su interior, palpando sus senos, sintiendo los latidos de su corazón.
Con una de sus manos ya liberadas me agarró de la nuca, tirando hacia si, queriendo besarme, al mismo tiempo, deslizaba la otra bajo mi pantalón, masajeándola con más destreza de la que esperaba.
Tras varios minutos se podía percibir el calor en el ambiente, dejé mis caricias, y arrodillándome, deslice su pantalón hasta las rodillas.
Al acercar mis labios, pude sentir la humedad de sus braguitas, las aparté, y comencé a explorar su sexo en todo su esplendor.
Pude ver como se llevaba uno de sus dedos a los labios intentando contener los gemidos, sus piernas comenzaban a temblar de excitación, los fluidos de su sexo recorrían silenciosamente sus muslos.
Terminé de bajar sus pantalones, dejando una de sus piernas libres, y me incorporé.
Dejé caer mis pantalones, ella poso sus manos sobre mis hombros acercando nuestros cuerpos, mi pene podía sentir ahora su monte de Venus completamente desnudo.
Introduje mi pene en su interior, con suavidad, ella lanzo un gemido que a duras penas pudo contener, a pocos metros de nosotros, la gente seguía con su vida, dentro del compartimiento, todo parecía detenido.
Ella tomó la iniciativa, me abrazó con fuerza, comenzó a moverse... podía sentir la humedad de su interior, su ajetreado aliento en mi oreja, sus dedos apretando gentilmente mi espalda.
- ¡No puedo más!
- Aguanta un poco más... ya estoy llegando...
Nos besamos intentando tapar los gemidos, y todo terminó.
Al salir del pequeño cubículo que servia de lavabo pude oír la voz del capitán, estábamos llegando a Milán...
Al llegar a la puerta de embarque pude ver como los otros dos chicos del grupo nos esperaba en tierra, al parecer habían tomado el vuelo anterior, y podríamos continuar el viaje juntos.
No pude contener la risa al oír la irónica pregunta de uno de ellos...
- ¿Ya formáis parte del club del sexo en vuelo?.
Al mirarla, pude ver una sonrisa cómplice, solo nosotros sabíamos la respuesta.
FIN

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