En uno de mis muchos viajes al norte de España tuve la oportunidad de conocer a una gran pareja, siempre juntos, disfrutando de la vida.
Era una mañana de febrero, no había nevado, pero el frío recorría cada rincón de esa tierra...
Recuerdo que conducía por una carretera secundaria, sin más tráfico que los animales del campo, cuando el coche una vez más me dejó tirado en la cuneta.
Pasaron las horas, y todo seguía en calma, trataba de encontrar un punto en el que la cobertura del móvil me dejase llamar a una grúa, la batería estaba casi agotada, temiendo quedar allí atrapado.
Entonces aparecieron ellos, habían visto el coche kilómetros atrás, y habían reducido su marcha esperando encontrar a alguien.
Pararon su coche a mi lado, invitándome a subir, no pude negarme.
Me contaron que venían de una fiesta en un pueblo cercano, y regresaban a casa tras una noche algo movidita.
No pude evitar ver como el chico agarraba los muslos de ella, masajeándolos, elevando la faldita, dejando ver la piel de sus piernas, ella sonreía, sujetando suavemente la mano de su pareja.
Pronto llegamos a nuestro destino, podría encontrar una grúa, reparar el coche, y volver a la carretera...
Tras una discusión con el mecánico no tuve más remedio que ceder, tardaría 24 horas en tener el coche listo, tendría que pasar la noche allí.
Bajando las escaleras del taller pude ver como se susurraban el uno al otro, ambos sonreían, mirándome de forma cariñosa...
- Y bien... ¿Que pasará con tu coche?. - dijo él.
- Tardarán 24 horas en poner el coche a punto... tendré que buscar un sitio en el que dormir...
Ambos se miraron, y entonces respondió ella:
- ¿Por que no te quedas en nuestra casa? - él asentía al tiempo de la propuesta.
Perdido en aquel pueblo, sin coche, sin móvil, y casi sin dinero, no tuve otro remedio que aceptar una vez más la generosidad de esta pareja.
Ya en su casa, no tardaron en hacerme sitio en un cuarto de invitados, mostrándome la casa, y dejando claro que debía sentirme como en la mía propia.
Tras la larga mañana tenía sueño, por lo que me eché un rato, aliviando un poco la tensión del día.
Desperté ya entrada la tarde, la casa parecía desierta, comencé a buscar a la pareja sin resultados, entonces escuche el ruido de una puerta... era la chica, salía del cuarto de baño con no más ropa que unas zapatillas, aún mojada por el agua de la ducha, y me miraba fijamente, sin a penas inmutarse por su estado.
- Parece que ya has despertado... dormilón.
No podía dejar de mirar su cuerpo, el piercing de su pecho, con su pequeña bolita, que no dejaba de llamar la atención, el piercing de sus labios, mientras sonreía, preparando su próxima respuesta, el de su nariz, pequeño diamante, saludando al mundo con ternura...
- ¿Es que nunca has visto un piercing?. - agarrándose con suavidad el pecho izquierdo.
Me quede mudo ante tal imagen... la belleza de su cuerpo, su mirada, su tranquilidad ante la situación...
- Mi chico tardará un poco en llegar, ha ido a por la cena. - decía la chica - ¿Puedes esperar en el salón?, tengo que cambiarme.
Continuará...

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