Tras la cena, pasamos horas y horas hablando, contando historias de nuestra vida, como si de viejos amigos se tratase.
Era una pareja joven, simpática, bastante liberal con la sociedad.
Entrada la noche nos separamos, cada cual a su habitación, dispuestos a dormir... o eso creía.
No tarde en oír murmullos, me levanté y fui hasta el pasillo, la puerta de su habitación estaba entre abierta, dejando ver lo que ocurría en su interior.
Ambos yacían en la cama, desnudos, acariciando el cuerpo del otro, besándose con cariño, con pasión, no pude dejar de mirar, podía sentir su pasión en mi cuerpo, podía oír la respiración acelerada de ella, tratando de contener los gemidos...
Dejaron de moverse, hablaban en voz baja, una vez más sonriendo, él se dirigió hasta un mueble junto a la cama, sacando un par de esposas del interior de uno de los cajones, ella miró a la puerta y dijo:
- ¿Por que no pasas?, ¿Piensas seguir ahí toda la noche?.
Algo cortado, ya descubierto, entré en la habitación, ella me hacía un lado en la cama, dando pequeños golpecitos con su mano.
- Desnúdate, ¿o piensas entrar así en la cama? - dijo él en tono irónico.
Tras quitarme la ropa, me senté junto a la chica, ella me agarró de los brazos, empujándome hacia atrás...
Me pusieron las esposas, atado a la cama, sin más remedio que contemplar como actuaban.
Ella se sentó sobre mí, agarrando fuertemente mi pene, podía sentir la humedad de su sexo recorriendo mi piel, me susurraba...
- Prepárate, por que esta noche no la olvidarás...
Dicho esto comenzó a introducir mi pene en su boca, podía sentir el piercing de su lengua recorriéndolo de arriba a abajo, humedeciendo mi miembro con sus caricias, sintiendo los pequeños sorbos con los que trataba de excitarme.
Él, contemplando la escena, no tardo en unirse, situándose tras la chica, y penetrándola suavemente, ella soltó un pequeño grito, entrecortado al introducirse aun más mi miembro.
Comenzó a embestirla, una y otra vez, mientras ella trataba desesperadamente de contener sus gemidos, dejó mi pene, rozándolo con sus dientes, ya erecto por la sensación, se desplazó hacia mi cara, inclinándose, dejando que besase sus pechos, saboreando su cuerpo.
Él dejó sus embestidas, sacando su miembro del sexo de la chica...
- Venga... deja de ser mala con él, ¿no ves que quiere metértela?
No mentía, deseaba sentirme dentro de su ser... sentir su calor, la humedad de su interior...
Ella sonrió, y sacando un condón de un cajón comenzó a ponérmelo.
Se situó a cuatro patas, sobre mi pene, agarrándolo con una mano, moviéndolo arriba y abajo, rozando su sexo.
No podía soportar esta espera, veía como el chico jugaba con sus pechos, introduciendo un dedo en el ano de la chica.
Podía ver la cara de la chica, lasciva, enrojecida por el calor del momento, sus labios saboreando dulcemente cada segundo, haciéndome sufrir, prolongando el desenlace...
Finalmente lo hizo, pude sentir la humedad, el tremendo placer de su interior, me abrazó, pegando nuestros cuerpos, elevando las nalgas, sugiriendo a su pareja el camino hacia su otro orificio...
Agarró su cintura, y sin mediar palabra se la inserto, sentí el aliento de la chica, el temblor de sus piernas mientras lo hacía.
Juntos bailamos, disfrutando de nuestra perversión, sintiendo el latido de nuestro corazón...
No pudo soportarlo mucho tiempo, finalmente, la agarró fuertemente, introduciendo aún más el pene en su interior, y se corrió, ella lo hizo con él, sentía como se cerraban los músculos vaginales sobre mi miembro... y finalmente... yo también lo hice...
A la mañana siguiente el ambiente parecía más calmado, sin duda alguna, nunca olvidaría aquella noche.
FIN

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